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Luna Córnea 25. Intimidad expuesta, disponible en línea

LC 25

Con esta edición, la número 25, dedicada a la exploración de los ámbitos públicos y privados, y al papel de la fotografía en esta delimitación de espacios, Luna Córnea celebra su décimo aniversario. La revista transita por dos vertientes principales: la intimidad expuesta y la fotografía como herramienta de control, espionaje y acecho.

La vida secreta del cineasta ruso Sergei Eisenstein durante la filmación de ¡Que viva México!; la fotografía de paparazzi, a cargo de uno de los más importantes representantes del género en los Estados Unidos; los tiempos muertos de las filmaciones de películas pornográficas según el fotógrafo de Magnum, Paolo Pellegrin; las imágenes de una intimidad frágil en la mirada de Hervé Guibert, muerto a destiempo, son algunos de los temas que trata esta edición.

También se incluye un material inédito hallado azarosamente por la hija de un fotógrafo argentino, que relata, en imágenes, la visita de unos hombres jóvenes de la clase alta porteña a un prostíbulo de campo hacia fines de los años treinta; el caso del asesinato de Tomás Haller en las fotos de registro carcelario tomadas, por extraño que parezca, por el guanajuatense Romualdo García; un texto de Grant Romer sobre el erotismo y los daguerrotipos; las reflexiones de un coleccionista de materiales fotográficos prohibidos; una revisión crítica del libro Ricas y famosas de Daniela Rossell y un texto de Geoffrey Batchen sobre el control y la vigilancia como ejercicios del poder. El material fotográfico reunido revela el deseo de irrumpir en lo prohibido, de revelar lo secreto. Algunas fotografías provocan y otras denuncian; sea cual sea la intención, el resultado es una grieta en la superficie del decoro. La realidad se reconfigura y el terreno de lo correcto, de lo aceptable, se transforma cada vez que imágenes como éstas llegan a los ojos del espectador.

Ver en línea:

http://bit.ly/17PE6jD

Luna Córnea 25. Intimidad expuesta (Conaculta, Centro de la Imagen, 2002, Bilingüe). Agotado

Una noche de ferragosto

La dolce vita

No es claro el origen de las palabras italianas (paparazzo, en singular; paparazzi en plural) que designan ese curioso oficio de perseguir y retratar celebridades, capturando imágenes que los medios y secciones especializadas en la vida cortesana y los espectáculos convierten en ensoñación colectiva. Pero de lo que no hay duda es que fue el director Federico Fellini, con la película La dolce vita (1960), quien popularizó el término a través del personaje Paparazzo, que representó el actor Walter Santesso: un fotógrafo que era amigo del periodista que protagonizaba Marcello Mastroianni. Al decir del curador Germano Celant, la semejanza onomatopéyica con la palabra siciliana que da nombre a un mosquito –papataceo– se relaciona con la descripción que Federico Fellini hizo de ese encimoso cazador de imágenes: “Paparazzo me sugiere un insecto volador, ruidoso, punzante, incisivo”. El propio director hizo un dibujo de aquel personaje, en que lo representa sin estructura ósea, al acecho, dando a entender que los paparazzi, al igual que los mosquitos son parásitos.

En el acucioso número que la revista American Photo (julio-agosto de 1992) dedicó a este subgénero fotográfico, se propone una fecha exacta para su nacimiento: una noche de Ferragosto, el 15 de agosto de 1958, cuando ocurrió un altercado entre un grupo de fotorreporteros free lance y el rey Farouk de Egipto, en la ciudad de Roma. Massimo di Forti, en su artículo “Cuidado con el flash. Ahí vienen los paparazzi” (Aperture), reconstruye lo sucedido de la siguiente manera: “Secchiaroli y tres de sus colegas –Pierluigi, Uberto Guidotti y Giancarlo Bonora- llegaron en sus Vespas a la Vía Veneto, donde Farouk, rey de Egipto, estaba sentado en el Caffé Doney1, con su hermana y la cantante Irma Capece Minutolo. Fue Secchiaroli quien desató el alboroto, tal vez para no quedarse atrás y para alardear de sus propias proezas ante sus amigos. Sin previo aviso, saltó frente a Farouk. El monarca, temiendo ser atacado, tomó al fotógrafo por el cuello. Mesas y copas salieron  volando, en una refriega que parecía salida de un western de los años cincuenta. Y la noche apenas comenzaba. Media hora más tarde, en un sitio cercano una violenta reyerta se desató entre Ava Gardner y Anthony Franciosa. Y poco más tarde, los paparazzi inmortalizaron a Anita Ekberg y a su marido, Anthony Steel, abriéndose paso, cayéndose de borrachos, por las calles de la ciudad. Todo esto bastó para avivar la imaginación de los medios de comunicación. En el semanario L’Espresso apareció un título elocuente: ‘Cacciatori di teste a colpi d’objettivo’ (Cazadores de famosos a golpe de lente).”

Lo que comenzó en aquella noche en una Roma desierta, hoy, 44 años más tarde, es uno de los principales estrategias del ilusionismo contemporáneo…

nota 1. En la edición mencionada de American Photo, David Schonauer, citando a Diego Mormorio, sitúa el altercado en una mesa al aire libre del Café de París.

– En Luna Córnea 25. Intimidad expuesta. (Conaculta, Centro de la Imagen, 2002.) Agotado