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Luna Córnea 28. Ilusión, disponible en línea

LC 28

Primera de las tres entregas con que la revista Luna Córnea celebra el 10o aniversario del Centro de la Imagen, la presente edición remite a una de las fuentes genealógicas de la imaginería fotográfica: la conversión de los espectros en espectáculo, obra de artificios a la vez científicos, teatrales y metafísicos en los que coincidieron la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz, la fantasmagoría del aeronauta E.G. Robertson y los delirios del mago George Méliès.

Con esta revisión de las raíces nigrománticas de la cultura visual en que hoy se extravía nuestra mirada, Luna Córnea invita a sus lectores a considerar la idea de que los inventos de Daguerre y los hermanos Lumière no son sino datos circunstanciales en nuestro largo viaje hacia el mundo de las sombras. A este volumen le hemos llamado Ilusión, y a él seguirán los titulados Maravilla y Esperpento, modos distintos y complementarios que hemos utilizado para acercarnos a la vida sorprendente que se aloja bajo la mayor de nuestras carpas: la caja negra que han compartido la fotografía, el cinematógrafo y las modernas fantasmagorías.

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http://bit.ly/195aZeS 

Luna Córnea 28. Ilusión (Conaculta, Centro de la Imagen, Cenart, 2004, Bilingüe). De venta en librerías Educal

Cabezas resucitadas y placer visual: 1903-2003, por Itzia Fernández

George Méliès

Desde sus inicios, el cine mudo estableció una relación estrecha con el circo y las artes asociadas, en particular con la magia y la prestidigitación. Para abordar esta compleja y rica unión, hay que considerar el horizonte cultural en que nace el cinematógrafo y las huellas impresas en los materiales fílmicos. Intentemos pensar cómo convivían estas prácticas con el nuevo aparato. No había cine en el sentido moderno que conocemos, sino varios tipos de cinematografias de atracciones.

En 1895 apareció el cinematógrafo en medio de ciudades pobladas de vitrinas y teatros con espectáculos de ilusión óptica (prestidigitación, fantasmagorías, linternas mágicas, cromatropos, taumatropos, etcétera), donde el movimiento era un elemento de atracción en las fiestas de feria.

París era la capital del circo: estaban el Cirque d’Eté, Cirque d’Hiver, el Médrano, el Nouveau Cirque y los hipódromos. Más tarde estos circos se convertirían en salas de proyección y los teatros ambulantes se volverían sedentarios. En estos lugares se experimentó con la sonorización de la imagen: el Phono-Cinéma-Théatre. Reinaba una atmósfera compuesta por los programas del teatro de boulevard, los mimodrames del Cirque Olympique, las Jéeries de Chiitelet, los espectáculos de prestidigitación y las atracciones de óptica –introducidas en el siglo XIX por Daguerre, con los panoramas, y Ciceri, el gran escenógrafo del teatro de efectos. (1)

1. Jenn, Pierre, Georges Méliès cinéaste: le montage cinématographique chez Georges Méliès, París, Albatros, 1984, pp. 97-106.

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Cabezas resucitadas y placer visual

– En Luna Córnea 28. Ilusión (Conaculta, Centro de la Imagen, Cenart, 2004, Bilingüe). Primer volumen de la Trilogía del Circo. De venta en librerías Educal