Cómo la fotografía genera una identidad

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Por Alberto Martín

La escala geográfica que aborda esta 15ª edición de PhotoEspaña, dedicada a Latinoamérica, pone en juego a su vez, inevitablemente, un concepto tan complejo y discutido como es el de fotografía latino­americana. Es por ello que en la programación oficial del festival se nota considerablemente la ausencia de una exposición dedicada a abordar dicha categoría, así como la diversa problemática asociada a la misma, ya sea la tensión entre homogeneidad y particularismos, la dinámica de ciertas representaciones o el peso de ciertos estereotipos.

Incluso desde una perspectiva estrictamente territorial, el programa tampoco consigue responder al amplio enunciado propuesto, ya que ofrece una considerable y quizá sobredimensionada focalización sobre México.

Por su parte, la colectiva Develar y detonar —probablemente la mejor propuesta de esta edición— ofrece una exhaustiva e interesante recopilación de trabajos, aunque exclusivamente centrada en el México actual. El paisaje social, el cuerpo y la identidad, así como lo imaginario y lo simbólico, son los ejes sobre los que se articula esta exposición para ofrecer una lectura compleja y variada de las grietas y fracturas del país. Pero lo que da un valor especial a esta muestra es la pregunta de partida planteada por los comisarios, y excelentemente resuelta, acerca del modo en que un imaginario fotográfico puede llegar a generar modelos de identidad y memoria colectivos. Una cuestión que en cierta manera también está presente implícitamente en la individual dedicada a Luis González Palma. En este caso, a través del modo en que las nuevas representaciones y dispositivos fotográficos desarrollados por el autor pueden proceder a reformular esos mismos temas: la identidad y la memoria. Es especialmente interesante en este sentido, dentro de su propuesta global de experimentación con el medio, el diálogo que construye entre sus imágenes y diversos momentos y lenguajes de la historia del arte y la cultura estética, desde el Barroco hasta la abstracción geométrica.

Identidad y memoria están también presentes, junto a la reflexión sobre el cuerpo, en la propuesta de Ana Casas Broda, Kinderwunsch. Se trata de una emotiva, sincera y bien ejecutada propuesta que plantea un itinerario por el ciclo de nacimiento, vida y muerte. Un proyecto que supone una etapa importante en el continuado ejercicio de autorrepresentación desarrollado por esta autora desde aquel inicial y excelente libro titulado Álbum, publicado en 2000.

Leer nota completa en El País

http://bit.ly/1dvnffN

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