Archivo por días: 16 junio 2015

Amigos hacen el retrato de Paulina

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Por Sonia Sierra

En su portafolio no le faltan una libreta y una pluma fuente, que son tan socorridas como sus cámaras Rolleiflex, Leica y una Nikon de las viejitas. Ahí están también sus cigarros, alguno de los tres encendedores Zippo (uno de los cuales tiene grabado el nombre Elizondo), sus lentes de sol y de lectura. Apunta en la libreta los proyectos, datos de los lugares, las fotos y documentales que hizo y hará.

Una de las cosas que más identifica a Paulina Lavista es que archiva de una manera meticulosa, conserva incluso los borradores y eso le ha permitido construir una memoria de su trabajo, junto al que hizo Salvador Elizondo, su esposo por 37 años.

Lavista, con un acervo de más de 100 mil negativos, tiene en ellos la memoria de escritores y artistas mexicanos y extranjeros con quienes convivió junto a su esposo; desde Octavio Paz y Juan Rulfo, hasta Carlos Fuentes y Jorge Luis Borges, a quien retrató en Teotihuacan en la que es quizás su más recordada foto, aunque recordados son también sus desnudos de vedettes para las revistas de los voceadores y otras publicaciones.

Leer nota completa en El Universal

http://eluni.mx/1Tr7cAX

El amante de la foto que nunca usaba una cámara

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Por Eduardo Bautista

Carlos Monsiváis era un obsesivo de la fotografía. Durante décadas conformó una colección cercana a las 24 mil imágenes, que hoy es resguardada en el Museo del Estanquillo. La fotógrafa Graciela Iturbide y el caricaturista Rafael Barajas El Fisgón cuentan que el autor de El poder de la imagen y la imagen del poder (1985) nunca dejó de deambular por la ciudad en busca de impresiones, sobre todo en la Plaza del Ángel y el Mercado de La Lagunilla.

El monero recuerda que a Monsiváis le fascinaba la idea de prolongar un instante en el espacio y el tiempo. Dice que el cronista relacionaba mucho la fotografía con un verso del escritor español Francisco de Quevedo: ¡Oh Roma!, en tu grandeza, en tu hermosura/ huyó lo que era firme, y solamente/ lo fugitivo permanece y dura”.

Iturbide asegura que esta idea de registrar lo efímero era lo que más le enloquecía al ensayista, a quien conoció durante más de 40 años. Su amistad siempre estuvo unida por el amor a la imagen. Recuerda con nostalgia cómo Monsiváis le enseñaba las “joyas” que había adquirido días antes. “Una de las pasiones de Carlos era el coleccionismo de fotografías. Le gustaba admirarlas y analizarlas. Sin embargo, yo nunca le vi tomar una cámara; no le gustaba”, comenta Iturbide.

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Narran la transición de Agustín Casasola de reportero a fotógrafo

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Por Reyna Paz Avendaño

Dos fotografías inéditas de Porfirio Díaz visitando los talleres de la antigua Indianilla, tomadas en 1909 y que fueron catalogadas como malas imágenes por el fotógrafo mexicano Agustín Víctor Casasola, se muestran en el libro Agustín Víctor Casasola.  Daniel Escorza Rodríguez, plantea que Casasola no abandonó el periodismo escrito, que aprendió fotografía en el taller de un amigo y que su agencia sólo funcionó tres años.

En palabras del autor e investigador de la Fototeca Nacional del INAH, el libro a presentarse el próximo 2 de julio en el Centro Cultural de España, es una revisión de los lugares comunes que existen en torno al nombre de Casasola, a través del estudio de 400 mil imágenes que datan de 1900 a 1921.

“Me acerqué a los archivos para ver de cerca los mitos. Se decía, entre muchas cosas, que Casasola era uno de los fotógrafos de la Revolución Mexicana, pero analizando las fotos y la hemerografía, vemos que diez años antes del movimiento armado, Casasola ya hace fotografía para el periodismo y eso me interesó mucho”, expresa Escorza Rodríguez.

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