La muchacha del barandal mira al patio

el ensueño

Por José de la Colina

En una tarde del año 1931, una muchacha, acodada en el barandal de un piso alto de una casa-vecindad y de cualquier barriada de la Ciudad de México, mira hacia abajo, posiblemente hacia un patio del que nunca sabremos de cuál acontecimiento es el gris escenario, pero es de suponer, por el tono cotidiano de la imagen, que ésta fue tomada en una de esas vacías tardes de domingo propicias al ensimismamiento, a la melancolía, a la esperanza, a la anticipada nostalgia de lo que podría ocurrir y posiblemente no ocurrirá.

Esa imagen, mi favorita entre las de su autor, y entre digamos diez fotos para mí inolvidables, se titula El ensueño y la tomó Manuel Álvarez Bravo, un artista fotógrafo que no hacía dos meses había cumplido 29 años y ya era un incipiente maestro en el arte de hacer atinadamente clic.

La muchacha ya sin nombre era tan transitoria como cualquiera de nosotros, pero aquel clic de la cámara, un latido apenas audible en la tarde abrileña, la hacía inmortal, es decir inolvidable para quienes la vemos y para quienes la verán. Es una foto ya celebrada: en 1977 la museógrafa Susan Kismaric la eligió como una de las principales piezas de la exposición del arte de Álvarez Bravo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Leer nota completa en Milenio

http://bit.ly/1F6BOmq

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