Muestran la estética de los estudios fotográficos

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Acudir a un estudio fotográfico en el Centro Histórico para retratarse con los mejores lujos en un escenario imaginario se convirtió en un ritual social de finales del siglo XIX e inicios del XX como un mero acto de autorrepresentación, que paradójicamente sirvió para la construcción social y estética de la Ciudad de México.

Desde las familias adineradas del porfiriato, los caudillos revolucionarios hasta campesinos y obreros acudían al estudio como si se tratara de una cita médica en busca de un retrato que los ubicara en una condición social mejor o al menos diferente a su realidad, señala José Antonio Rodríguez, historiador y crítico.

“El estudio fotográfico se volvió un espacio de ficción, a donde las personas iban a representarse, y  coludidos con el fotógrafo se creaban grandes fastuosidades irreales”, comenta el curador, quien plantea una revisión de este fenómeno en la exposición Nosotros fuimos. Grandes estudios fotográficos en la Ciudad de México que hoy se inaugura en el Museo del Palacio de Bellas Artes.

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http://bit.ly/1BvBJAO

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