Archivo por meses: marzo 2014

Octavio Paz celebra 78 años de edad

Octavio Paz

29 de marzo de 1992. Un selecto grupo de amigos somos convocados por don Juan Sánchez Navarro a una comida en su Hacienda para celebrar a Octavio Paz, quien cumple 78 años de edad. Yo capturo un momento en que aflora el sentido del humor del poeta al soplar su pastel de cumpleaños con la vehemencia de un niño.

Salvador Elizondo escribe en su diario (cuaderno número 66, página 146):  

Lunes 30. La comida de ayer fue muy interesante. Cayeron caretas. No se habló para nada de Víctor* y esas cosas, pero a la hora de los brindis hubo discursos políticos y poéticos. Sánchez Navarro se manifestó muy de derecha y Octavio estuvo más o menos de acuerdo con él. Un conocido mío de Roma, Pepe Pintado, es el yerno de Sánchez Navarro. Es banquero. Nos reconocimos después de cuarenta años. Hablamos de economía. Le expliqué la teoría de Douglas. En fin…Tengo que ponerme a hacer mi artículo. Llegaron ejemplares de Farabeuf en inglés. El color está medio feo. Pero ahí se va.

* Se refiere a Víctor Flores Olea, quien acababa de renunciar a la presidencia de Conaculta.

– Fotografía de Paulina Lavista. Octavio Paz en su cumpleaños. | Confabulario

Bernard Plossu, cazador del azar, por Juan Manuel Gómez

 

Bernard Plossu

El otoño de 1965 llegó a México Bernard Plossu. En ese entonces era un muchacho de 20 años con una sola idea en la mente: viajar. “Vamos por ir —dice Plossu—, no por una razón, donde el camino se interrumpe en el mapa, donde ya no hay nada más”. Sólo saltando al abismo de lo desconocido se manifiesta lo que el viajero anda buscando, sin saber lo que es, por supuesto, y sin saber que lo busca, claro. Esa necesidad de traspasar las fronteras de nuestra zona de confort es quizá una característica del ímpetu que nos impulsa a los 20 años. Es poco probable, sin embargo, que logremos que esa fuerza nos lleve mucho más allá. El fotógrafo francés nacido en Vietnam del Sur, Bernard Plossu, además, como todos los muchachos de 20 años, era dueño no sólo del mundo, sino también del tiempo. En aquel viaje de 1965, Plossu llevaba como equipaje una maletita de cuero negra donde guardaba una cámara Kodak Retina, con su lente de 50mm, varias docenas (quizá tres) de rollos de película fotográfica de 35mm, un tripié y una cámara de cine Super 8. Inspirado en las películas de la Nueva Ola francesa, en esa manera tan desenfadada y directa, o tan alucinantemente abstracta, con que François Truffaut, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Éric Rohmer o Claude Chabrol filmaban la vida cotidiana, Plossu quería documentar su breve paso por México para visitar a sus abuelos. Pero el viaje se prolongó sin itinerario definido de antemano durante casi un año por las costas de Oaxaca y Guerrero, y las aristas de la ciudad de México: “En ese momento no tenía la menor idea de que me iba a convertir en fotógrafo profesional”, confiesa.

Este 2014 Bernard Plossu cumple 69 años de edad, y no sólo continúa impulsado por la inercia juvenil que lo trajo a México en 1965 sino que sigue usando sólo un lente: de 50mm. Ya que es el único que no deforma la imagen: “su óptica es lo que más se parece al ojo humano”, se defiende Plossu. Cuando lo critican por eso, Plossu replica con una frase del pintor impresionista Paul Gauguin: “Los efectos se ven bien, pero sólo son efectos”. Y cuando lo que quieres es retratar la realidad, lo mejor es deshacerse de los artificios. Después de tantos años, tantos libros, tantas exposiciones, tantos premios, el gran fotógrafo Bernard Plossu sigue hablando del “talento de ver” como lo único que caracteriza a su oficio, por sobre cualquier adelanto tecnológico. Por eso usa una cámara simple (análoga), y por eso no reencuadra ni retoca sus fotos. Plossu utiliza película de 35mm, ya sea en color (asa 200) o blanco y negro (asa 400), y compone in situ. Más o menos lo que ve a través de la mirilla de su Nikkormat es lo que se imprimirá en el papel. La renuncia de Plossu a los beneficios prácticos del universo de la fotografía digital tiene un sustento conceptual evidente, pero también tiene que ver con una organización personal pragmática: “Necesito la disciplina de las 36 imágenes por rollo. Odio la idea de traer en mi cámara una memoria digital con 600 fotos; eso es muy malo para la inteligencia de la fotografía”.

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Recupera un libro las historias de esa vieja dama que no pasa de moda: La Merced

Susana Casarin

El golpe avisa, a un ladito! A lo que te truje Chencha, ¡Mamacita, cuantas curvas y yo sin frenos! ¡Órale, marchanta, si no compra, no mallugue! y ¡Gorritos pa’los gemelitos! son frases que se escuchan en el barrio comercial de La Merced, y que Norma Yolanda Contla Piña retoma en un libro.

Historias de La Merced. ¡Ahí va el golpe! incluye imágenes de la fotógrafa Susana Casarín, y la autora traspasa el límite del mostrador y se adentra en la vida de los comerciantes mayores de 50 años, que de generación en generación han mantenido sus tiendas, restaurantes, peleterías negocios de belleza y otros.

Oriunda de La Merced, Contla recupera en la publicación sus recuerdos de la niñez y los comparte a través de un recorrido por las calles, comercios y personas de distintos orígenes que son el pasado y presente de un sitio de más de 400 años.

El libro busca difundir lo que sucede atrás de un mostrador; no sólo llegar y comprar, sino adentrarse más en esa persona que nos atiende porque nosotros necesitamos al comerciante y él a nosotros. Gran parte de mi familia es de comerciantes, desde las abuelas; tuve mucho contacto con la gente del barrio y siempre me llamó la atención sus anécdotas y sus historias, explica Contla, quien es profesora de danza contemporánea.

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Retratan con documental la tradición pulquera

Víctor Lara

Tras un año de intenso trabajo, en el que visitaron los estados de Hidalgo, Puebla, Estado de México, Tlaxcala y  el Distrito Federal, se presentó el largometraje documental titulado Del Maguey al Pulque, el cual fue acompañado de una muestra fotográfica con imágenes tomadas durante la filmación del documental en el Centro Cultural la Libertad y la Pinacoteca de Tlaxcala, y que pronto podría visitar tierras hidalguenses.

Este trabajo se da como un acercamiento a la cultura pulquera, en donde el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura a través del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias, presentaron el largometraje los días 19 y 20 de marzo.

De acuerdo con Víctor Lara, director del documental, el filme es un recorrido visual que va desde el cultivo del maguey hasta el proceso de producción y elaboración del pulque y su relación con las tradiciones y festividades de las comunidades donde se produce.

Para la filmación, explicó, se visitaron algunos ranchos importantes de Tlaxcala como el de San Isidro y la hacienda de San Bartolo en Calpulalpan, donde se filmó cómo se siembra, cómo se reproduce y cómo se explota el maguey a nivel local y para exportación.

Añadió que Del Maguey al Pulque es un acercamiento a la cultura pulquera, ya que presenta los pocos tinacales que aún quedan dentro del estado,  muestra el trabajo cotidiano en el campo, así como fragmentos de las festividades que se desarrollan en la entidad.

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Retratan los talentos de pequeños artistas

Lizeth Arauz

Cuando la fotógrafa Lizeth Arauz se mudó a un nuevo edificio se percató de que sus vecinos estaba un grupo de personas pequeñas. Todas las mañanas saludaba a uno de ellos y con el paso de los días supo que  su novia no era enana y que vendía tamales a la entrada de su nueva morada. «La escena que yo veía todas las mañanas me encantaba: Néstor (como después sabría que se llamaba su vecino) se sentaba en el regazo de la chica o muy cerca de ella, junto al tambo de tamales, y sus miradas y tímidas caricias erab conmovedoras», recuerda.

Muchas veces pasó por la mente de Arauz «robar» con su cámara aquella imagen, pero el miedo a incomodar a la pareja le detuvo, por lo que decidió acercarse y conocer su historia. Semanas después Néstor terminó su relación con la chica y el cuadro «sólo se quedaba en mi memoria sin lograr fotografiarlo». Frustrada, la fotógrafa le comentó a su pequeño amigo el deseo que siempre tuvo de tomarle algunas imágenes acompañado de su novia. Él sonrió y despreocupado le contestó:

«Soy torero y cantante, y seguro te gustará el espectáculo que realizamos Los originales enanitos toreros de México, ahí tendrás muchas fotografías». Al principio pensó que de allí podría salir un reportaje para el periódico donde entonces trabajaba e ignoraba que aquella experiencia la conduciría a dedicar cinco años de su vida para conocer y retratar a ese grupo de gente pequeña, muchas veces marginado y poco entendido.

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Retratan los talentos

Foto instantánea. Recuerdo de Brasilia, de Joaquim Paiva

Paiva BAJA

De cierta manera, el trabajo de Joaquim Paiva en Itamaraty lo orilló a vivir en Brasilia en varias ocasiones y ello enriqueció su vida personal y artística, ya que intensificó su pasión por las artes visuales, especialmente la fotografía. Desde el comienzo de su primera estancia, supo cómo incorporar la ciudad y sus periferias a su vida cotidiana, de tal manera que mirar hoy en retrospectiva su trabajo nos lleva a descubrir las incontables series temáticas que desarrolló a lo largo de casi cuarenta años de idas y vueltas.

Para celebrar su cercanía e intimidad con Brasilia, Joaquim revisó su producción y preparó una edición especial, agrupando los diversos conjuntos que realizó a lo largo de su vida y que ahora, metódicamente, fueron trabajados y editados para que una especie de estética de la acumulación quedara en evidencia. Estas fotografías, en las que el tiempo y el espacio son distintos, intensifican nuestra experiencia de mirar la ciudad y sus personajes, e intentar resignificarlos a la luz de la contemporaneidad resulta una tarea excitante. Quiero decir que mirar hoy estas fotografías, rigurosamente seleccionadas para este libro, es intentar encontrar nuevos significados en los intersticios de la imagen, ya que éstas resultaron de la profunda relación que el autor mantiene con la ciudad, lo cual permite entenderlas como cumbres de una memoria construida.

No se trata de retórica, ya que Joaquim eligió diferentes series que registran situaciones intensas del cotidiano urbano y con ello concede un lugar tanto a aquellas «puntas de los rollos de películas» que no fueron desechadas, como a los momentos que revelan rasgos eventuales de la historia de la ciudad. Es decir, la cuestión que plantean estas fotografías no se limita a su dimensión perceptiva, sino que además permiten que nosotros, lectores, encontremos las múltiples capas del tiempo para concretar aquel instante interrumpido en el pasado. Los eventos que detonaron las series fueron registrados cuando estos alcanzaron el éxtasis y ello permite elaborar las relaciones tramadas en cada conjunto, fundiéndolas en un todo único en permanente diversidad. | Rubens Fernandes Junior

Foto instantánea. Recuerdo de Brasilia, de Joaquim Paiva es una publicación bilingüe (español-portugués) editada por Conaculta, Centro de la Imagen, Cenart, 2013. Incluye textos de Rubens Fernandes Junior y Angélica Madeira, y una entrevista realizada por Evandro Salles. De venta en librerías Educal 

 

Ciudad Juárez está perdida; ahí se sobrevive y no hay futuro

Mayra Martell

Entre todo lo que se ha roto y perdido en Ciudad Juárez, sobreviven las imágenes captadas por Mayra Martell (Ciudad Juárez, 1979). Sombras, polvo, derrumbes, pero también la nostalgia por la lluvia, un vestido de novia que pudo deslumbrar, y una sonrisa, a pesar de la desesperanza.

Eso plasman las 24 poderosas fotografías que conforman el libro que obtuvo el primer lugar en revisión de portafolios en el cuarto Festival International Photobook (2011) de Kasel, Alemania.

El volumen se presentó en abril de 2012, en el Book Festival, con sede en el museo Le Bal de París, Francia. La editorial alemana Selttmann and Sohen lo incluyó en su colección y ahora lo distribuye en festivales en Europa, así como a través de su página de Internet y en la librería Amazon.

«Se trata de un testimonio contemporáneo, poético, de una ciudad perdida», señalan los editores. La fotógrafa, en entrevista con La Jornada, señala: “Soy una desplazada, como muchos, de mi ciudad, pero siempre vuelvo para seguir trabajando, pues, a pesar de todo, me encanta Juárez.

“En el centro ha desaparecido casi todo lo que yo comencé a fotografiar desde 2004, que a su vez eran ruinas. El gobierno mandó demoler ocho cuadras con la intención de hacer una suerte de limpieza de la zona. Pero no es una remodelación, es la desaparición de la ciudad misma. Es terrible.

“Muchas personas, al principio, se resistían a vender sus inmuebles, pero luego comenzó la guerra contra el narco, hubo incendios en bares y otros negocios en una franja que antes era muy activa comercialmente porque ahí era donde llegaban los gringos.

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El único límite de la fotografía estenopeica es la imaginación: Daniel Mendoza

Daniel Mendoza

Los fotógrafos estenopeicos no buscamos la verdad, ni siquiera la verosimilitud; buscamos el asombro… Llegamos a esta galaxia para salvar a este planeta del caos y la autodestrucción, buscando la felicidad y el humanismo…

Lo anterior no es un comentario por la influencia del cannabis, sino parte de un manifiesto estenopeico que retoma Daniel Mendoza Alafita, quien asegura que pese a que en la actualidad existe un mundo que conjuga la fotografía química con la digital, la revalorización de la primera hará que ésta no desaparezca.

El fotógrafo presenta en la Universidad del Claustro de Sor Juana la exposición La cueva del alquimista, que está dividida en cinco temas y que representa un resumen de su trayectoria.

La fotografía estenopeica es el producto de un proceso químico, analógico y artístico; las fotos se toman con un objeto sencillo capaz de aislar la luz, como una lata de frijoles o una caja de cartón. El revelado se realiza con productos químicos.

Mendoza Alafita, quien se considera como un aprendiz de alquimia, explica los cinco temas de su muestra: El primero es El Centro Histórico me da risa (evocación al tiempo, un juego de autorretratos), el segundo es el mundo estenopeico, el tercero es el ajolote gigante de la laguna de Chichica y su relación con Anabel Lexmar, el cuarto tema es Tina Modotti (fotos del panteón Dolores, donde está enterrada) y el autorretrato de mi muerte (en la que tengo mi propia caja de cenizas que convertí en cámara estenopeica). Este último tópico retomó la historia de mi maestro Nacho López, quien muere a los 63 años. En mi urna pongo fecha de nacimiento y muerte, para cuando tenga 63 años pueda repetir la historia de mi mentor.

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Genealogía visual del concepto indigenista

Deborah Dorotinsky

Fue la fotografía una de las principales herramientas para la construcción del concepto del indigenismo durante las primeras décadas del siglo XX, todavía como secuela del proceso post revolucionario y el movimiento nacionalista que buscaba enaltecer la imagen popular del país, afirma Deborah Dorotinsky: “El cardenismo es uno de los motores de estudio del indigenismo en México, son los años en que se termina de consolidar el concepto del indígena”.

La doctora en Historia del Arte por la UNAM desarrolla esta premisa en el libro Viaje de sombras. Fotografías del Desierto de la Soledad y los indios lacandones en los años cuarenta, editado por el Instituto de Investigaciones Estéticas. Se trata, señala, de un estudio de la representación de los indígenas en las artes plásticas, de la fotografía.

Si bien la principal presencia del indigenismo en la estética tiene un origen documental por encargo del mismo gobierno o instituciones que buscaban información sobre su forma de vida y por trabajos periodísticos, también fueron objeto de representación para artistas de la lente como Manuel Álvarez Bravo o, incluso, en los dibujos de Raúl Anguiano.

“Los fotorreportajes de la época (en revistas y periódicos) nos permiten visualizar qué pasa con estas prácticas artísticas que retratan lo indígena, por ejemplo, los lacandones no aparecen jamás como personas con nombre y apellido; sino como tipos, con clasificación. Así nos damos cuenta de las formas de caracterizar en términos étnicos y nos aclara cómo se dio la construcción fotográfica de los grupos indígenas en México”, explica en entrevista la también antropóloga cultural por la Universidad de California.

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La fotografía de prensa como actor social. Héctor García en Ojo! Una revista que ve, por Raquel Navarro

Ojo HG

Antes que nada, quiero expresar mi agradecimiento y reconocimiento al Centro de la Imagen y a las instituciones involucradas en la organización del Premio Nacional de Ensayo sobre Fotografía y consecuentemente, en la creación de la colección de Ensayos sobre Fotografía, por el invaluable apoyo y aporte que esto significa al estudio de la fotohistoria.

En lo que a mí toca, tengo el enorme gusto de compartir con ustedes este trabajo ahora convertido en libro, que significa en muchos sentidos un punto de llegada y al mismo tiempo, en muchos otros, un punto de partida hacia nuevas inquietudes y perspectivas académicas.

Héctor García en Ojo! Una revista que ve es, ante todo, resultado de una investigación histórica, de una inmersión en las circunstancias propias de una época, que explican y caracterizan a un personaje y a un proyecto, y que al mismo tiempo ayudan a entender los procesos históricos del México contemporáneo.

Por lo tanto, Héctor García y el proyecto editorial Ojo! Una revista que ve, no son vistos en este trabajo como un medio, sino como un fin. Sin desperdiciar ni dejar de lado el valor de las imágenes como representaciones de determinadas realidades, autor y obra son presentados como actores participantes de los hechos que configuraron una coyuntura dentro de un amplio proceso histórico.

Así, esta investigación me permitió descubrir al Héctor García fotoperiodista, testigo invaluable de su tiempo, y analizar la particular mirada con la que registró los acontecimientos que lo rodearon, entendiendo que dicha mirada era producto de su propia historia de vida, del desarrollo de su sensibilidad estética gracias a las enseñanzas de maestros como Manuel Álvarez Bravo; situaciones éstas, destacadas por él mismo y por quienes anteriormente nos han presentado la biografía y la obra del Héctor García, artista de la lente, de su desenvolvimiento en las galerías y los museos.

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Raquel Navarro PRESENTACION

*Con este texto Raquel Navarro, autora de Héctor García en Ojo! Una revista que ve, participó en la presentación de la colección de Ensayos sobre Fotografía, que se llevó a cabo el 4 de febrero de 2013 en la Biblioteca de México.

Héctor García en Ojo! Una revista que ve forma parte de la colección Ensayos sobre Fotografía, editada por el Centro de la Imagen/ Conaculta.