La mirada de Graciela Iturbide, por Vilma Fuentes

El señor de los pájaros

Je ne suis pas complète, je ne connais pas la haine: frase de Arletty que podría atribuir a Graciela Iturbide. A semejanza de la prodigiosa actriz francesa, la fotógrafa mexicana no debe estar completa: desconoce el odio.

Graciela es uno de esos regalos que la vida hace a sus privilegiados. Era 1975 cuando tocó a mi puerta, en París, una joven con unos ojos que exhalaban bondad. De esa bondad que emana belleza: se queda uno mirando sin comprender, sin intentar ni querer comprender. La necesidad, y necedad, de querer meter todo tras las rejas de la razón está de sobra cuando se puede, simplemente, admirar porque se tiene la suerte de acceder a una revelación. Y Graciela Iturbide, a lo largo de casi cuarenta años, ha sido, para mí, una sucesión de asombros.

Acababa de vivir en mi casa, durante una semana, una cirquera. Se decía acróbata y prestidigitadora. Tal vez lo era en una carpa bajo los proyectores. En mi estudio, logró hacer caer, y a veces, sin poner particular esmero, quebrar cuanto objeto destinaba a ensayar su arte frente a mí. Se resbaló en el baño y, una madrugada, lo inverosímil: se cayó de la cama. No invento. Recuerdo que solté una carcajada. La equilibrista tomó mi risa por un insulto y abandonó mi casa a la mañana siguiente, después de tratar de meterme en la cabeza que ella no era una payasa para hacerme reír a sus costillas. Nunca volví a verla.

Los azares tienen, sin duda, sus leyes: liberado mi estudio de la malabarista, pude recibir a Graciela Iturbide. Generosa, me traía una carta de uno de mis amigos más queridos: Fernando Cesarman. No sé cuánto tiempo se quedó en mi casa. Un parpadeo. Su presencia fue ligera como el vuelo. No pude ver sus fotografías, no cargaba con ellas. Pude, en cambio, ver cómo fotografiaba. Qué fotografiaba. A diferencia de tantas otras personas que aspiran convertir en arte este oficio disparando sin cesar sus cámaras contra un objetivo abandonado de inmediato por el azar, hado intolerante a las búsquedas, y aún más a la persecución de aficionados, Graciela deja venir a ella lo insólito. Aparece ante sus ojos, y su cámara fotográfica, como lo que es: una aparición.

Leer texto completo de La Jornada Semanal en:

http://bit.ly/1kWOoIp

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s