En los ojos de los muertos. Fotografía de retina, por Bill Jay

Héctor Méndez

Era una creencia comúnmente aceptada en la última mitad del siglo diecinueve, que la última imagen vista por los ojos de un moribundo quedaba ”fijada” en la retina por un lapso de tiempo considerable.

Por lo tanto, si los ojos de una persona asesinada eran fotografiados sin demora, el culpable podía ser identificado por medio de la imagen de la retina. Esto parece haber sido una creencia popular, resurgida  ocasionalmente a lo largo de la historia. Pero la primera sugerencia específica de que tales imágenes podían ser fotografiadas para apoyar las investigaciones criminales fue hecha por William H. Wamer, un prominente fotógrafo británico de los años sesenta del siglo pasado.

En abril de 1863, una joven, Emma Jackson, fue asesinada en St. Giles, Londres. Wamer le envió de inmediato una carta al detective James F. Thomson, de la Policía Metropolitana, Scotland Yard, informándole que, “si se fotografían los ojos de una persona asesinada, en un lapso de tiempo determinado, surgirá en la retina la última cosa que apareció ante ellos, y los rasgos del asesino podrían ser hallados”.

Leer texto completo a partir de la pág. 85, en Luna Córnea:

http://bit.ly/14sPnGg

– En Luna Córnea 10. Fantasmas (Conaculta, Centro de la Imagen, 1996). Agotado

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