Archivos diarios: 27 octubre 2013

El cine documental de Gabriel Figueroa, por Arturo Garmendia

La mujer del puerto

El Cardenismo y el cine   El año de 1933 fue la bonanza para el cine mexicano: se produjeron 21 películas (frente a las seis del año anterior), entre las cuentan cintas tan interesantes como El Prisionero treceLa mujer del puerto y, sobre todo, El compadre Mendoza. Pero, a la vez se hicieron evidentes obstáculos para su desarrollo inmediato, como el hecho de que las películas mexicanas tenían más éxito en los cines de segunda corrida y, por lo tanto, dominaban sólo un segmento secundario del mercado mientras las buenas conciencias derechistas exigían al Estado ejercer la censura ante películas críticas hacia la Revolución –como las mencionadas de Fernando de Fuentes–, o el caso del incesto que mostraba la cinta de Arcady Boytler.

A su vez, los productores eran acusados por la prensa de espectáculos de obrar como si el cine fuera “negocio de viudas”, pues no invertían en una segunda película en tanto no hubieran extraído toda la ganancia posible de la primera, y los técnicos cinematográficos veían crecer la oferta de servicios y disminuir su demanda. Tampoco era ajeno a esta situación el hecho de que los productores no tenían todo a su favor ante la proclamada tendencia izquierdista del candidato a la presidencia de la República, el general Lázaro Cárdenas.

De él se decía que era un hombre interesado en el cine y, una vez que tomó el poder, en diciembre de 1934, la especie pudo comprobarse a la luz de los siguientes hechos…

Leer texto completo a partir de la pág. 59, en Luna Córnea:

http://bit.ly/1alIz4X

– En Luna Córnea 32. Gabriel Figueroa: Travesías de una mirada (Conaculta/ Centro de la Imagen/ Cenart, 2008). Disponible en librerías Educal.

La historia perdida de Robert Capa en México

Robert Capa

En medio de grandes sucesos mundiales, que para su propia vida como fotógrafo lo elevarían al rango de una celebridad, hay un breve, fugaz, pasaje en la vida de Robert Capa que comprende los poco más de cinco meses que a mediados de 1940 vivió en México. Unas cuantas semanas que van de finales de abril a principios de octubre de ese año. Días éstos que apenas si se muestran como relevantes dentro de su biografía y por lo tanto lo sucedido en ellos solo muy ocasionalmente, de manera circunstancial, es tocado en las grandes exposiciones y recuentos que sobre Robert Capa se han hecho. Un pasaje un tanto perdido aún para la propia historia de la fotografía en México.

Acaso esto se entienda porque el antes y el después de estos días del verano mexicano, fueron precedidos y seguidos por la gran épica —espectacular en las páginas de diversas revistas, como Vu— que Capa había realizado en las guerras de España y en la chino–japonesa entre 1936 y 1939; y después como corresponsal en la Segunda Guerra Mundial cubriendo las campañas de los Aliados en Londres, Francia, Sicilia y el norte de África entre 1941 y 1945. No por nada ya desde diciembre de 1938 fue calificado por la revista inglesa Picture Post, como “el fotógrafo de temas bélicos más grande del mundo” y, posteriormente, gracias a que había realizado diversos reportajes en el frente, “se había convertido —señala su biógrafo Richard Whelan— en una especie de leyenda internacional. Valiente, despreocupado, ingenioso… Los oficiales admiraban a Capa por su aparente despreocupación y su buena suerte, y (por lo tanto) lo invitaban a peligrosas misiones” . Sin duda, grandes acontecimientos que por otro lado han opacado los turbulentos días que el fotógrafo vivió en México.

Leer nota completa:

http://bit.ly/1dc7QMY