Archivo por días: 25 octubre 2013

El último rollo, por Marco Antonio Cruz

Nacho López autorretrato 02

En el primer aniversario del fallecimiento de David Alfaro Siqueiros, en 1975, se llevó a cabo un significativo evento en La Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón Civil de Dolores, durante el que se presentó la escultura «Prometeo», del artista Armando Ortega, y se dispuso una larga mesa, presidida por Angélica Arenal de Siqueiros.

Durante el evento me llamó la atención un fotógrafo que con una cámara de formato medio y enfoque de cintura realizaba tomas de la mesa. Me imagino que a causa del formato, tenía problemas para captar la imagen en su totalidad, por lo que comenzó a caminar, lentamente, hacia atrás sin dejar de enfocar su cámara y sin reparar que había un arbusto de arrayán. En medio del acto solemne la caída fue estrepitosa, pero el fotógrafo se puso inmediatamente de pie y siguió enfocando, como si nada hubiera pasado. Pregunté a Rogelio Villarreal, que estaba cerca de mí, el nombre de ese fotógrafo: Nacho López, me respondió.

Años más tarde, en 1982, lo volví a ver en una reunión de fotógrafos en el auditorio del Unomásuno, en la que también se encontraba Héctor García; la discusión giraba en torno a la necesidad de crear un grupo de fotógrafos independientes. La siguiente ocasión en que nos reunimos fue en 1985. Una tarde llegó Nacho a la redacción de La Jornada, donde yo entonces trabajaba, buscando a Andrés Garay, quien había sido su alumno, y ambos me invitaron a la cantina Montecarlo, ubicada en el centro, en la calle de Revillagigedo. Se desarrolló ahí una intensa plática sobre fotografía, rociada con generosas cantidades de cerveza.

Leer texto completo a partir de la pág. 448, en Luna Córnea:

http://bit.ly/14tPNvF

– En Luna Córnea 31. Nacho López (Conaculta, Centro de la Imagen, Cenart, 2007, bilingüe). Agotado

El arreglo con la vida no es fácil, por Paolo Gasparini

Nacho López-niños

Después de casi treinta años no es fácil hablar de mi encuentro con Nacho López. Es como revisitar imágenes que nos retraen a lejanas vivencias; como reconocer una serie de viejas fotografías que ahora aparecen interferidas por un nuevo busilis de ofuscación. La dificultad reside en la mirada que se balancea entre el testimonio de antes y los estratos más recientes que afloran en nuestra memoria como salidos de un palimpsesto. Las añadiduras vienen entre la carga de las pasadas emociones y los criterios del presente con sus nuevos juicios y prejuicios acumulados. Este difícil equilibrio genera una sensación de malestar, a veces de infinita tristeza, porque nos recuerda el tiempo transcurrido, tanto tiempo perdido. Los fragmentos de la memoria se desvanecen como en una disolvencia de diapositivas, se quiebran en la nueva imagen en pedazos rotos como los recuerdos …

Y los recuerdos, ya lo sabíamos, son viejas quebrajas que a veces acarrean consigo un aura de reiterados remordimientos. Estoy hablando como un gastado fotógrafo que examina con lupa las hojas algo amarillentas de los vencidos contactos, reconociendo en las viejas imágenes los lugares donde estuvimos y fotografiamos. Aparece en el horizonte una marcha de viejos campesinos zapatistas en Anenecuilco o en el ingenio azucarero Tierra y Libertad de Chinameca; la armonía de los gestos de las mujeres tejedoras y de sus niños jugando en Chiapas, o los rostros hieráticos, consumidos por el tiempo y la dignidad defendida, como calaveras de piel y huesos de los indios Tarahumaras, los de la Barranca del Cobre, donde el tesoro de la Sierra Madre. Recuerdo las palabras de Juan Rulfo: «Quienes acabaron con los dioses fue esa gente que se llamó ‘gente de razón’ y que hizo las conquistas de estas tierras … después fue el tiempo. La falta de fe. Porque la falta de fe es como la falta de sangre en las venas … «.

Leer texto completo a partir de la pág. 411, en Luna Córnea:

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– En Luna Córnea 31. Nacho López (Conaculta, Centro de la Imagen, Cenart, 2007, bilingüe). Agotado

Nacho López en mi memoria, por Rodrigo Moya

Bellas Artes

El «yo» es el centro de toda memoria, sostenida por vivencias que son como raíces de diverso poder y profundidad. Cualquier remembranza o circunstancia acaecida en el entorno de ese «yo mismo«, ya sea como testigo, cómplice, partícipe, víctima o beneficiario, tiene, como todas las formas de la memoria, algo de subjetivo. A pesar de esa bruma que a veces los años más difuminan, pero a veces más precisan, la memoria sigue siendo, a pesar de su propensión a convertirse en mito o literatura, nuestro más firme puente hacia la realidad y la experiencia personal pasada. Por ello, al evocar a Nacho López desde los recuerdos, más que desde el análisises inevitable el uso de la primera persona y el riesgo consecuente de habla del uno mismoal hablar del otro.

CUADRO l . Del aprendizaje y la historiAsí pues, escribo sobre Nacho López desde la memoria, imprecisa y fragmentada, como los recuerdos que enciende la fotografía. No podría abordarlo desde un análisis de su obra o sus múltiples discursos en el universo de la imagen fotográfica, camino que historiadores y ensayistas han recorrido, y aún recorren y recorrerán, con variables grados de intensidad. Tampoco puedo rememorarlo desde la apología del discípulo porque nunca fui su alumno apuntando un hipotético dictado, o siguiendo paso a paso sus métodos fotográficos. No son necesarios tales rituales ni convertirse en réplica de un modelo para intuir, al paso del tiempo, la presencia del precursor y su impronta en el desarrollo del trabajo propio. Esta impronta modélica, al principio consciente y por lo tanto copia elemental e irrepetible, suele convertirse en una sustancia más fina filtrada desde los niveles del inconsciente. La influencia y el aprendizaje surgen en el lento proceso de comprender y compartir actitudes ajenas o exteriores, y de ver el trabajo propio entreverado con el de otros a partir de puntos de vista personales que pueden, o no, coincidir con los del precursor, pero siempre ligados a un mínimo de cánones e identificaciones.

Leer texto completo a partir de la pág. 385, en Luna Córnea:

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– En Luna Córnea 31. Nacho López (Conaculta, Centro de la Imagen, Cenart, 2007, bilingüe). Agotado