Imágenes de gente extraordinaria, por Alfonso Morales

gente extraordinaria

Los contados historiadores que tiene la lucha libre mexicana hablan de un tal Alcides, primer gladiador mexicano que tuvo su fama en los tiempos de la intervención francesa. Para entonces la fotografía, a través de la tarjeta de visita, ya era parte de la imagen pública de las celebridades –reinas, emperadores, políticos, generales, artistas, incluso tipos populares–, pero de aquel pionero luchador no se conoce a la fecha ningún retrato. La memoria hemerográfica conserva, en cambio, algún semblante impreso de Rómulus, el atleta-luchador que se anunciaba como “el hombre perfecto” y que sorprendió con su fuerza descomunal a los espectadores del circo Orrin (ver próxima entrega de Luna Córnea). En los volúmenes de la historia gráfica del archivo Casasola hay asimismo testimonio gráfico de los robustos gladiadores que se presentaban en las primeras décadas del siglo XX como atracción en los teatros donde era costumbre la comedia, la opereta y la zarzuela, y a veces posaban sus evoluciones frente al telón de un fotoestudio.

Contra estos modestos rastros fotográficos que dejó la lucha mexicana en sus inicios, la centuria en que los gladiadores abandonaron los foros circenses y teatrales para independizarse como espectáculo, fue realmente pródiga en la crónica ilustrada del catch nacional. El establecimiento de empresas luchísticas y la popularización del deporte-espectáculo, en los años treinta, alentaron el surgimiento de una prensa especializada; primero en secciones de los diarios y luego en revistas. En las siguientes dos décadas la cobertura periodística de las luchas compartió la atención que se le brindaba al otro deporte –el box– que utilizaba un ring y sucedía dentro de un encordado. Pero hacia los años cincuenta las llaves y los costalazos desbordaron los límites del cuadrilátero para convertirse en espectáculo multimedia: transmisiones televisivas, fotocómics, estampas coleccionables, películas. La segunda mitad del siglo xx, con decenas de revistas, miles de reportajes, cientos de fotógrafos dedicados a la crónica y promoción de las mujeres y hombres del pancracio, confirmaron a la lucha libre como poderoso surtidor de imágenes y mitologías.

En el número 16, septiembre-diciembre. de 1998, Luna Córnea se ocupó de dos pioneros del género de la fotolucha: Juan El Charro Espinosa y Arturo Ortega Navarrete. Con el propósito de seguir contribuyendo a la documentación de estas vertientes de nuestro fotoperiodismo y de nuestra retratística, ofrecemos en el siguiente dossier el testimonio biográfico de quince fotógrafos que, en distintas épocas, se han ocupado profesionalmente de la lucha libre. A través de sus declaraciones y relatos, se arroja luz sobre el funcionamiento del comercio iconográfico, a fin de cuentas simbólico, que es sustancial en el deporte-espectáculo que congrega a empresarios, promotores, espectadores y lectores.

Las entrevistas fueron realizadas entre septiembre y noviembre de 2003, por Orlando Jiménez, Alfonso Morales, Gabriel Rodríguez y Juan Manuel Aurrecoechea. Isaura Oseguera realizó el trabajo de transcripción y la primera edición de los testimonios, ayudada en una de las entrevistas por Daniela Ortiz.  Juan Manuel Aurrecoechea fue el responsable de su formato y edición finales.

Ver en línea:

http://bit.ly/14xzfGy

– Luna Córnea 27. Lucha Libre (Conaculta, Centro de la Imagen, Cenart, 2004, bilingüe). Agotado

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