Archivo por días: 30 abril 2013

Sally Mann, por Elizabeth Ferrer (fragmento)

Sally Mann

En una larga exhibición fotográfica donde se mostraron trabajos notables y recientes este verano en la Houk Friedman Gallery, en Nueva York, hubo una imagen que no tardó en llamar mi atención.

Se trata de una fotografía de 1994 de Sally Mann (n. 1951) titulada Las tres gracias, en la cual aparecen tres figuras femeninas de pie, con las manos entrelazadas en una evocación de la pintura de Botticelli. Es una escena impresionante por su desenfadada representación de la belleza de la mujer, de la sensualidad y de una inconciencia del cuerpo de uno mismo que es rara en la sociedad contemporánea. Lo que aparta a Las tres gracias de casi todas las demás imágenes del cuerpo, del cual existen varios ejemplos significativos en la fotografía contemporánea, es que las tres mujeres que aparecen ahí están orinando. La imagen se complica aún más por el hecho de ser un retrato de la artista posando al Iado de dos de sus hijas. Dependiendo de la perspectiva del observador, la foto puede provocar asco, duda, bochorno o rabia. Se trata, sin embargo, de una notable declaración de libertad física y psicológica, e indudablemente de una provocación.

En su carrera Sally Mann ha producido varias clases de trabajos, entre los que se cuentan paisajes melancólicos, retratos de la zona rural conocida como Valle Shenandoah, donde ha transcurrido casi toda la vida de Sally, así como cibacromos y polaroids de gran formato en los cuales ha abstraído de manera poética algunos fragmentos de la naturaleza. Su obra más conocida es un cuerpo extenso de fotografías, creadas a lo largo de poco más de diez años, que muestran momentos y sucesos cotidianos en la vida de sus propios hijos. Es verdad que esos trabajos han garantizado el lugar de Mann como una de las fotógrafas más importantes de fines del siglo XX, pero también lo es que le han atraído escándalos. Entre las críticas que se le han hecho está la de haber manipulado a sus hijos, haber causado que perdieran su inocencia y haberlos moldeado como entidades eróticas. En realidad, Sally Mann ha mostrado a través de una serie de fotografías el espectro de las experiencias de la infancia, si bien de una manera que expresa la atmósfera excepcional de una familia única y libre de espíritu que, por lo visto, cuenta con intenninables horas de ocio. También se trata de una familia cuyos miembros están casi todo el tiempo, cuando menos durante los meses de verano en que se abate un calor sofocante sobre el sur de los Estados Unidos, desnudos y sin avergonzarse de sus cuerpos. |Tr. Gabriel Bernal Granados

Fragmento de Sally Mann, por Elizabeth Ferrer en Luna Córnea 9. Minoría de edad (Centro de la Imagen/ Conaculta, 1996). Agotado

Graciela Iturbide. Entre edades, por Roberto Tejada (fragmento)

Graciela Iturbide

Mal que bien, según lo entendemos hoy día, la infancia ha venido a ser imaginada como una acumulación de imágenes visuales o cifradas, así como una pantalla ilusoria sobre la que se proyecta una variedad de significados con la intención de remitirse a –y buscarle sentido en los orígenes del drama humano. Así, las nociones aceptadas para con el tema de la infancia están intensamente engarzadas con la manera en la que elegimos refigurar nuestras propias narrativas personales, así como están informadas por –y limitadas a– las pautas movedizas de la representación.

Muy consciente de lo anterior, y en lo que constituye una preocupación prevalente en su trabajo, Graciela Iturbide ha buscado explorar este tipo de óptica escindida con respeto a los posibles significados que logra cobrar su forma en las imágenes de niños. Su fotografía no sólo reflexiona sobre las divisiones entre la vida privada y la pública en función de las edades, sino también es un ensayo en tomo a la mente-cuerpo en vías de un desarrollo suspendido entre la vida espontánea de la imaginación y los márgenes del apremio social.

Graciela ha logrado subvertir esos atributos o motivos que han sido asignados por tradición a la experiencia de la infancia, despejando los residuos obstinados de una supuesta inocencia formal para con las imágenes de este orden. En este sentido que algunas fotos están dispuestas a hablar, por ejemplo, del lado oscuro del recreo. En Primer día del verano, ocho niños se congelan en un instante al dar tumbos por la ladera de una duna de arena en Veracruz. Las risas nerviosas y los cuerpos contorsionados a la vez recalcan los placeres y, a un nivel más profundo, los desafíos a la muerte que son los peligros del juego infantil. | Fragmento de Graciela Iturbide. Entre edades por Roberto Tejada

En Luna Córnea 9. Minoría de edad (Centro de la Imagen/ Conaculta, 1996). Agotado

Luna Córnea 9. Minoría de edad, disponible en línea

LC 09

En este número, Luna Córnea hace un recorrido por diferentes aspectos de la minoría de edad; en sus páginas encontramos imágenes que retratan niños y adolescentes en su entorno de vida. Las imágenes se presentan acompañadas de excelentes textos de autores de varias regiones; de estos escritos extraemos a continuación un breve fragmento del artículo «Graciela Iturbide, entre edades», realizado por Roberto Tejeda.

«¿Quién conoce a un niño realmente como es?, se preguntaba Rilke en una de sus Elegías de Duino. Con una historia peculiar propia, y con una autonomía específica a este siglo, la infancia y su correspondiente morfología devinieron en un tema legítimo de la modernidad, llevado a primer plano, en parte, por el vínculo entre las ciencias humanas y la técnica de la fotografía… Mal que bien, según lo entendemos hoy en día, la infancia ha venido a ser marginada como una acumulación de imágenes visuales o cifradas, así como una pantalla ilusoria sobre la que se proyecta una variedad de significados».

Luna Córnea 9. Minoría de edad (Centro de la Imagen/ Conaculta, 1996). Agotado

Ver en línea:

http://bit.ly/13HiSnW