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Pabellón Kodak

kodak pavilion 64

Desde 1851, con la construcción del Crystal Palace en la ciudad de Londres, hasta el año 2000, fecha en que tuvo lugar la más reciente de las ferias internacionales en Hannover, Alemania, estas utopías o cápsulas del tiempo han servido de escaparate para la presentación de avances científicos y tecnológicos, así como para arriesgadas propuestas arquitectónicas y artísticas de países de todo el orbe.

Integradas por pabellones temáticos, construcciones que han sido diseñadas por arquitectos de renombre, las ferias son la celebración paradójica del multiculturalismo y de los orgullos nacionales.

En esta suerte de micromundos, alegorías de otros más amplios y ciertamente más complejos, la fotografía encontró el lugar idóneo; no sólo transportó rasgos idiosincrásicos de una cultura o de un pueblo, gestos y objetos de la más diversa procedencia, sino que se erigió como el lenguaje más dúctil al servicio del display: dioramas, fotomurales, proyecciones, reproducciones publicitarias, ilustraciones de libros y catálogos, información periodística y obra de autor, entre otros usos y presentaciones. Fotografías de A. Kertész ilustraron la presencia de la electricidad en la cocina moderna, en la feria que se celebró en París en 1937. En la feria de Osaka, Japón, en 1970, como parte del Pabellón Norteamericano, se exhibió la obra de un grupo de destacados fotógrafos, entre ellos, Diane Arbus, Duane Michals y Lee Friedlander.

No sólo las imágenes han tenido un lugar preponderante en las ferias mundiales. Estas han servido como pasarela de las nuevas tecnológicas relacionadas con la comunicación visual. Uno de los mayores monumentos que la industria fotográfica se construyó a sí misma fue el pabellón que la Kodak montó en la feria de 1964, celebrada en la ciudad de Nueva York. El pabellón contaba con 15 áreas de exhibición y dos teatros. El techo del edificio medía aproximadamente 110 metros de largo y estaba sostenido por una serie de columnas, cuya inusual distribución producía la imagen de una superficie flotante cuando era vista a la distancia. A ese mirador se subía por una escalera eléctrica, desde la que el cazador de souvenirs podía disfrutar de variadas escenografías. El jardín, ubicado en el techo, presentaba caminos en pendiente, fuentes esculpidas, estanques con flores exóticas y un área que simulaba la superficie de la luna. En una torre de ocho pisos, que se alzaba 24 metros por encima del techo, se expusieron “cinco de las más grandes fotografías del mundo”, que medían 9 x 11 metros. En un teatro ubicado en su base, se exhibió una película a color, en formato de 70mm y de 23 minutos de duración, que utilizaba la proyección múltiple: “Searching Eye”, obra del realizador Saul Bass, en que se mostraba las cosas comunes y de las maravillas del mundo desde el punto de vista de un niño.

- Luna Córnea 23. Museos (Conaculta, Centro de la Imagen, Cenart, 2002, Bilingüe). Disponible en librerías Educal